Pigsi Protocolo de Intervención Global y Simultánea

CARME PAU - JULIO ALTOMONTE

DESPATX PEDAGÒGIC MULTIDISCIPLINARI

  
  

QUE APRENDEN

Debemos abordar este concepto desde dos realidades abismalmente distantes y coexistentes, así  entendido, primero pongamos atención en lo formal: Desde esta óptica se nos presentan prolijos contenidos curriculares, para cada nivel, al inicio del ciclo lectivo, detalladamente discriminados en objetivos a cumplir, con cargas horarias y etapas bimestrales o trimestrales, a poco de introducirnos en el análisis de los contenidos, en las materias, consideradas básicas, léase matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales y lengua, advertimos que, a lo largo de los diferentes niveles, se desarrollan en la secuencia denominada vulgarmente ”hojas de cebolla”.

Técnicamente consiste en la progresiva profundización de conocimientos, desde las nociones básicas a los crecientes niveles de complejidad, siempre dentro del mismo tronco temático. Este sistema se ha impuesto, más bien ha sido impuesto a la anterior metodología troncal, en la cual a partir del conocimiento profundo y completo de los conceptos fundamentales de la materia, se desprenden saberes colaterales o especializaciones, siendo cada una, a su turno, también desarrollada en profundidad, con los límites que impone los niveles preuniversitarios que estamos analizando.

Reitero que solo estamos analizando lo que formalmente se presenta, o sea estamos ante una mera enunciación de propósitos, que, de cumplirse acabadamente, arrojaría resultados, cuando menos satisfactorios en la evolución de conocimientos en sus destinatarios, los estudiantes.

Desde una perspectiva real, desde la concreción diaria de lo propuesto, la diferencia es abrumadora; Frecuentes feriados, paros docentes, inasistencias, suplencias, cambio de docentes, jornadas de reflexión docente, restan horas de clases que limitan consecuentemente la calidad o cantidad o ambas, del plan original.

La falta de material didáctico, el desconocimiento de la adecuada dosificación de los tiempos de clase, la falta de idoneidad profesional de los docentes a cargo, la ausencia del imprescindible clima de orden y atención, para desarrollar una clase, las opiniones encontradas de docentes formales y docentes particulares, sobre el mismo alumno, restan aún más las efectivas horas de enseñanza.

Fácilmente se resuelven estas falencias, salteando temas, dándolos por sabidos, remitiendo al alumno a que ya fue dictado el año anterior, lo que daría por absurda la necesidad de reiterarlo en este año, o simplemente eliminando, recortando temas. O sea invertimos la secuencia lógica cual sería ampliar la cantidad de horas, en función de los contenidos.

Tan acertado este remedio, como cortar la punta de los zapatos que compramos, a fin de que entren en la caja que es pequeña para recibirlos.

Lo no dado este año, será dado el próximo, cuando en realidad no será así, ya que el próximo año, el tema se dará por sabido y así seguimos, postergando, recortando, eliminando, mezquinando. Conviene recordar en este punto que no hablamos de zapatos ni de cajas, sino de conocimientos y alumnos, estos últimos y únicos perjudicados de estas conductas.

Ellos también tienen sus remedios, resúmenes de terceros, explicaciones apresuradas y fuera de contexto por parte de padres o docentes particulares, reducciones o simplificaciones de conceptos relativamente complejos que muchas veces se adentran en el terreno del absurdo.

De esta forma llegamos al fin del ciclo y a las evaluaciones consecuentes y aquí una vez más la omnipotente facultad del docente, que puede aprobar, desaprobar, reclamar el conocimiento que no dicto, ignorarlo, asumir sus inasistencias, omitirlas, recordar los días de paro, darlos por inexistentes, reflexionar sobre las jornadas de reflexión docente y su utilidad o añorar esas jornadas de esparcimiento donde las más jugosas reflexiones rondan el sabor de lo que se come, o la temperatura del mate o te que se toma.

Aceptar el recitado de los párrafos aprendidos de memoria, de apuntes bajados de internet, acceder al inapreciable obsequio de una carpeta de algún alumno que ya haya cursado esa materia, con ese profesor, años anteriores, en la certeza de que iguales serán los temas, iguales las explicaciones, el mismo argumento, automáticamente recitado año tras años. O simplemente la mejor creatividad estudiantil puesta al servicio de recrear técnicas de copia que permitan salir airoso del examen.

Pues de eso se trata y el fin último de un examen, la evaluación de los conocimientos incorporados, no es tal en la realidad, solo se trata de aprobarlo de llegar a la nota y obtener el pasaporte a los premios, gratificaciones, permisos o aquello que el alumno considera prioritario en su vida.

¿El progreso intelectual? bien gracias, allí espera, su revancha, cuando sea requerido para obtener mejores oportunidades en la vida.

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