QUE ENSEÑAN

Los contenidos curriculares adolecen de pseudo-actualización crónica, así es que al impulso de necesidades políticas, de mercado, de moda, o simples caprichos de la autoridad educativa de turno, se cambian y recambian materias, contenidos, niveles de enseñanza, planes de estudio, técnicas pedagógicas, procedimientos evaluativos, vestimentas, libros, material didáctico, calendarios escolares, etc.; forzando los límites de la racionalidad y el buen criterio hasta el absurdo.

Todos estos cambios, sin excepción, llevan en sí mismos la semilla de su fracaso. La improvisación que los motoriza y la brevedad de su existencia aseguran la inutilidad del cambio y sólo contribuyen a aumentar un estado de anarquía, caracterizado por la coexistencia de varios planes nacidos y muertos en una misma jurisdicción y una multiplicidad de planes a nivel nacional.

Muchas veces, un simple cambio de escuela se convierte en un salto al vacío burocrático de equivalencias, diferencias de planes de estudio y niveles de enseñanza.

Los mejores propósitos, nacidos de la mano de la auténtica vocación de enseñanza que, a pesar de todo, algunos dignos docentes aún se empecinan en ejercer; naufragan prontamente en las trabas e imposibilidades que aseguran la permanencia del orden establecido y que es, quizá, lo único que se mantiene a lo largo de los años, asegurando la solidez de un sistema que va detrás de los problemas, para emparcharlos o maquillarlos, a lo sumo.

El tiempo transcurrido en este estado de cosas da testimonio evidente de su solidez.

 

- Los docentes colaboran procurando, cada año, el reemplazo de todos los textos de enseñanza por nuevas ediciones que, a poco de ser comparadas con las del año anterior, es fácil apreciar que sólo se diferencian por cambios cosméticos y de diagramación.

- Los docentes colaboran con largas y entusiastas planificaciones de la tarea anual, promesas de clases de repaso y apoyo a quienes no sigan el ritmo de la mayoría, proyectos de trabajo sobredimensionados, ambiciosos objetivos, frecuentes evaluaciones, visitas pedagógicas y otras aspiraciones que, en muchas oportunidades, consiguen despertar el entusiasmo de los alumnos. Pero, a lo largo de los meses, una a una, van cayendo las promesas y proyectos a la luz de paros, licencias de diversa índole, cambios de profesores y, por lo tanto, de proyectos y objetivos; hasta caer en la consabida rutina de hacer lo que se pueda, como se pueda y cuando se pueda. Así es que, año tras año, coexisten dos realidades: la escrita en las planificaciones de principio de año, prontamente olvidada y archivada, y la abrumadora realidad de la repetida rutina, que reemplaza los objetivos prometidos por las explicaciones adecuadas que justifiquen su no cumplimiento.

Esto último, en el utópico caso de que algún padre desubicado pretenda explicaciones sobre el punto, exponiéndose a las consecuencias de este atrevimiento, muchas veces imposibles de prever.