MALA EDUCACIÓN (3)

No obstante esta situación, el niño ya nos ha mostrado algunas características de personalidad, preferencias, inclinaciones, que ya nos hacen aventurar que tiene “facilidades” naturales para actividades físicas o intelectuales.

Sin percibirnos conscientemente ya advertimos estas “habilidades innatas” y las comentamos orgullosos, las fomentamos y reforzamos. Nuestro hijo nos está guiando por el camino de sus aptitudes y es especialmente valioso que así lo comprendamos y tomemos buena nota de ello, este dato aumentara en importancia más adelante.

Desde el punto de vista del desarrollo anatómico y fisiológico, el sistema nervioso completa su maduración alrededor de los 7 a  9 años de vida. Pero debemos tener presente que durante este periodo también formaran parte de ese desarrollo todos los estímulos y las respuestas que estos generan en el niño, además de las características heredadas que se potenciarán o atenuaran en función de las más tempranas experiencias a que sea sometido.

Sucede que tener un hijo, es una experiencia diferente para el padre y la madre, toda vez que esta última mantiene un íntimo contacto durante la gestación que establece vías de comunicación insustituibles.

El padre se reconoce a sí mismo como tal, solo a través de vivencias “externas” ve la panza, palpa movimientos, escucha latidos, pero evidentemente estas acciones no se acercan ni lejanamente a la “comunión interna” de la madre. Ella “se siente” madre. El “se ve” padre.

En el primer año de vida esta disparidad debería reducirse en beneficio del niño con acciones por parte de una madre dispuesta a compartir la crianza con el padre y este último deseoso de aprender a disfrutar del contacto íntimo con su hijo.

Hay un punto en el que los padres se igualan al momento del nacimiento. Ambos se encuentran frente a un ser nuevo, del cual nada saben y mucho suponen. Esta es la tarea fundamental, conocer, entender, comprender a esta persona llegada, para quien todo es nuevo y casi todo por el momento inexplicable y debemos aceptar que es una tarea de tiempo y dedicación, en la cual es tan importante la cantidad como la calidad del tiempo dedicado.

Muchas veces se piensa haber cumplido con un cambio apresurado y nervioso de pañales o una mamadera dada con urgencia y no se valoran algunos minutos de contacto físico sereno, caricias y suaves palabras que no tengan otra finalidad que el dialogo de sentidos en sí mismo.

A la hora de tomar la determinación conjunta de tener un hijo, deben pesar argumentos que muestren un pacto mutuo de compartir y asumir la crianza en la justa medida que asegure al hijo crecimiento armónico y a los padres la oportunidad de disfrutar, criar y conocer a su hijo. A riesgo de ser reiterativo remarco la importancia de este precoz conocimiento, toda vez que en los próximos años, será fundamental para guiarlo en la vida que comienza a transitar.

Si al momento de leer estas líneas aún no tiene un hijo, será bueno reflexionar sobre la elección del mejor momento para que la pareja emprenda este proyecto de convertirse en familia.

En caso de tener ya un hijo en esta edad, comparar actitudes y estados de ánimo con lo aquí escrito, permitirá sacar conclusiones y ajustar conductas, aun a tiempo para prevenir futuros conflictos.

Si su hijo ha superado esta etapa, posiblemente encuentre una explicación a problemas ya presentes y la posibilidad de ejecutar acciones para remediarlos.

A modo de resumen remarco: Oportunidad-Disposición-Conocimiento y Responsabilidad.

Oportunidad: En la elección del adecuado momento para convertir la pareja en familia.

Disposición: Para compartir la crianza resignando tiempos personales en función de una mayor gratificación propia al compartirlos con el niño, en la justa medida que beneficie a padres e hijo.

Conocimiento: Como natural consecuencia de los dos anteriores, se dará espontáneamente este descubrimiento y comprensión de la persona que hemos traído al mundo.

Responsabilidad: A la hora de seleccionar donde y con quien dejaremos a nuestro hijo, a fin de evitar experiencias negativas o facilitar aquellas positivas, que perduraran en su futuro.