MALA EDUCACIÓN (2)

Etapa Preeducativa, ámbito familiar:

Los avances en el conocimiento de la evolución psicofísica del ser humano, no dejan lugar a dudas, respecto a que desde el nacimiento y aun antes, durante el embarazo, los estímulos externos de todo tipo, provocan respuestas e instalan experiencias en el aun inmaduro sistema nervioso de este ser.

Durante el primer año de vida el niño es absolutamente dependiente de atención externa para satisfacer sus más elementales necesidades. Pero es bueno tener presente que en tan temprana edad, la calidad y cantidad de atención que reciba, serán ya estímulos que generaran respuestas y según el éxito obtenido en sus demandas, adoptara un elemental código de comunicación que le permita conseguir lo que pretende.

Llorara reclamando alimento, pero también usara el llanto para no ser dejado en la cuna, o permanecer en brazos, aun para elegir a quien quiere a su lado.

Sonreirá demostrando satisfacción por haber logrado su objetivo, o simplemente dejara de llorar, premiando atormentados oídos y espíritus afligidos.

Al comenzar a desplazarse, incorporara prontamente todo un arsenal de acciones tendientes a reclamar más atención sobre su persona y disputara palmo a palmo su territorio ante cualquier oponente, sean hermanos, compañeros de guardería maternal, padres de tiempo parcial o sobreprotectores.

Comprender que estamos ante un ser receptivo a todo estímulo y capaz de elaborar estrategias para obtener resultados, nos permitirá orientar nuestras acciones a poner un límite a esta insaciable demanda. Más rápido de lo que esperamos el niño comprenderá esos límites y se establecerá una relación mutuamente positiva, toda vez que los padres recuperaran tiempos y espacios propios, se estabilizaran anímicamente y podrán brindarse a su hijo, en los tiempos necesarios y con la mejor disposición. Se podrán disfrutar mutuamente.

Cada vez con mayor frecuencia, los niños son dejados por periodos de tiempo prolongados al cuidado de empleadas domésticas, familiares o guarderías. Este cambio cultural se incrementa año a año y lo que en un principio fue consecuencia de una madre obligada a actividades laborales, no necesita hoy de ninguna justificación.

Naturalmente los padres planifican sus actividades determinando que el parto será una pausa, cada vez más corta, pasada la cual, sus vidas continuaran como antes de la llegada de un hijo, reduciendo su rol a supervisar el crecimiento del niño, que otras personas acompañan diariamente.

De no encontrar el equilibrio justo entre poca y mucha dedicación, estaremos recreando conductas de abandono o sobreprotección, que afloraran más adelante como cimientos de futuros problemas.

Es notable la ligereza o indolencia de los padres a la hora de seleccionar a quien se hará cargo de su hijo en esta temprana etapa.

Las cada vez más frecuentes situaciones de castigos corporales, administración de sedantes, mala alimentación, accidentes domésticos, nos dan señales evidentes de la ineficiencia en el entrenamiento y control de aptitud psicofísica de quienes trabajan en las guarderías, o en los hogares en tan delicada tarea.