Pigsi Protocolo de Intervención Global y Simultánea

CARME PAU - JULIO ALTOMONTE

DESPATX PEDAGÒGIC MULTIDISCIPLINARI

  
  

NO A LOS HIPERPADRES (2)

Cuando la sobreprotección genera “niños/as incapaces”

   La “Hiperpaternidad” es  una crianza basada en una atención excesiva a los hijos. El niño más que nunca es el rey de la casa, sabe que se le da todo. Y los padres están supeditados a los deseos del niño. Los hiperpadres resuelven sistemáticamente cosas que los hijos podrían hacer por ellos mismos. “Se nos ha hecho creer hoy en día que para ser buenos padres tenemos que resolver por sistema los problemas de los hijos e incluso nos tenemos que anticipar a sus dificultades, lo que produce un cierto estrés en los vínculos familiares. Todo este accionar es con buena intención, pero en este proceso estamos invadiendo la capacidad de adquirir autonomía de los niños. Hacer las cosas por ellos es un modo de indicarles que no pueden.

   Sobreproteger de ninguna manera garantiza la felicidad del niño, que se supone que es el objetivo principal de este tipo de crianza. Si haces todo por tu hijo, si resuelves todos sus problemas, si les allanas el camino todos los días, entonces les estás enviando un mensaje claro: no puedes hacer nada sin mí, eres débil y no eres capaz de superar los desafíos a los que te enfrentas”. Hoy el niño se ha convertido en “intocable”. Nadie puede observar nada del niño. Los padres funcionan como los guardianes de esa condición impoluta. El padre es un guardaespaldas que protege al hijo de todos los miedos, porque el mantra de la paternidad actual es que el niño no se traume.

   Frente a esto se maquillan situaciones para ocultar temores. Pero los recursos que les estamos quitando históricamente nos salvaron la vida como especie. Como padres no tenemos que sobreproteger, sino ayudar a los hijos a enfrentarse a esos miedos.

   Una de las características de la era de los hiperpadres es que consideran que el niño nunca se equivoca, nunca hace nada mal. Si se porta fatal es que ha tenido un mal día, es que el profesor no sabe entenderlo o que el niño tiene una baja tolerancia a la frustración, como si esto fuera una enfermedad crónica frente a la cual no se puede hacer nada. Es imposible adaptarse a las necesidades de cada alumno, y menos cuando todos quieren ser los primeros, recibir una atención personalizada. Los profesores se quejan de que el primer “no” que escuchan algunos alumnos se da cuando empiezan la escuela. Es allí donde se enseña a los niños a hacer todo por sí mismos y luego, cuando se van, los padres que esperan afuera cargan automáticamente sus mochilas.

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