Pigsi Protocolo de Intervención Global y Simultánea

CARME PAU - JULIO ALTOMONTE

DESPATX PEDAGÒGIC MULTIDISCIPLINARI

  
  

NO A LOS HIPERPADRES

En este siglo, la mayoría de las familias han convertido a los hijos en el eje alrededor del cual gira toda su realidad. Y dispuestos a “darles todo” y a conseguir unos hijos perfectos, orbitan los hiperpadres o “padres helicóptero”, que ejercen una crianza basada en estar siempre encima de ellos, anticipándose a sus deseos y resolviéndoles todos sus problemas.

Un cóctel con ingredientes como la estimulación precoz, las agendas repletas, la tolerancia cero a la frustración y los enfrentamientos con los maestros que osen cuestionar las maravillas del pequeño. Aunque ejercida con la mejor intención, la hiperpaternidad se está llevando por delante aspectos tan vitales en el desarrollo como la adquisición de autonomía, la capacidad de esfuerzo y el tiempo para jugar. También provoca familias estresadas y niños tan sobreprotegidos que, irónicamente, tienen más miedos que nunca.

Tal como ocurre con muchas tendencias, esta también proviene de EEUU. Es un estilo de crianza en el que los hijos son el centro máximo de atención de sus progenitores, en el que los niños reciben una atención casi obsesiva por parte de sus mayores. Esto produce una presión intensa para unos y otros. Para los adultos es una manera muy estresante de enfrentar la crianza, para los niños hay una especie de inacción general y placer en aquello de conseguir todo lo que desean o que les resuelvan sus conflictos. Es momentáneamente fácil para ellos. Es muy aterrador para el futuro, cuando sea hora de que se enfrenten al mundo sin papá y mamá.

Sería muy complejo pensar que un niño que está en formación haga todo bien. El modo de aprender es la prueba y el error. ¿Cómo van a construir su saber si no se equivocan?

Los tiempos han cambiado, pero eso no significa que algunas de las herramientas del pasado no puedan utilizarse también hoy. Los adultos, además de padres, son maestros. Existe una tendencia a confundir autoridad con autoritarismo, por lo que cualquier desacuerdo en casa, en la escuela o en el patio de recreo se ve como un ataque.

 Hemos pasado del culto a los ancestros al culto al descendiente.

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