¿AYUDAR O NO?

Desde los inicios de la escolaridad más temprana, se agrega a las oportunidades de interacción padres-hijo, el cumplimiento de las tareas solicitadas por los educadores para realizar en la casa o el terminar aquellas que no se completaron en el colegio.

   En un principio serán actividades semejantes a juegos y aumentarán en complejidad ,con el paso de los años, incluyendo preparar temas, dosieres, maquetas, una diversidad de demandas que muchas veces superan el arsenal intelectual de los padres o son demandados en tiempos de descanso de una jornada laboral intensa, o en un día de mala disposición para estas actividades, por innumerables motivos posibles.

   Lo cierto es que según y cómo abordemos esta actividad desde muy al inicio de la escolaridad y el grado de autonomía que estimulemos o no en  nuestro hijo, a lo largo de los años nos iremos convirtiendo en ocasionales y valiosos consultados, disfrutando así de ver su creciente autonomía de pensamiento, ejecución y desarrollo de sus potencialidades en esta fundamental área de su crecimiento.

   Si ayudamos excesivamente, reducimos su rol a simple escriba de  lo que les dictamos o terminamos haciendo las tareas nosotros mismos, con nuestra grafía, disimulada o no, mientras el verdadero responsable pasa a ser un simple testigo que ni atiende, ni entiende, ni aprende.

Su dependencia a nuestra ayuda, será total y progresivamente dejará de actualizar agenda, de prestar atención en clase, de rellenar la libreta correspondiente y los padres tomarán a su cargo estas obligaciones, se comunicarán con otros semejantes en la misma lucha y habrá permanentes consultas respecto a las tareas solicitadas, las fechas de entrega, etc.

Prontamente, se convertirá en motivo de discusión diario que se ocupe de sus obligaciones en lugar de  sumergirse en la pantalla de turno, con tiempos ilimitados.

A pesar de nuestras amenazas, respecto a no ayudarlo, no reacciona, pues sabe que a último momento cederemos y lo “salvaremos” una vez más.

   En poco tiempo los docentes advierten este cambio de ejecutor, advierten a los padres y reciben excusas, que justifican la imposibilidad del alumno, con excusas pueriles.

   En resumen: Relevar de sus obligaciones o ayudar excesivamente a nuestros hijos, posterga su maduración, el ejercicio de la responsabilidad, la necesaria autonomía, el desarrollo de su inteligencia en general y de su intelecto, lo desmotiva y aumenta su frustración al percibirse con poca autoestima y muchas inseguridades.