Pigsi Protocolo de Intervención Global y Simultánea

CARME PAU - JULIO ALTOMONTE

DESPATX PEDAGÒGIC MULTIDISCIPLINARI

  
  

500 DIAS .......y 2

La cifra de 500 días no debe comprenderse como un plazo perentorio, es un llamado de atención, un símbolo del breve periodo de tiempo en el que se establecen los roles y las jerarquías en las relaciones interpersonales con el hijo recién llegado y esto sucede, más allá de la voluntad de ninguno, se da en la cotidiana convivencia, en la tolerancia excesiva o en la rigidez intransigente.

Pedir, ordenar, rogar, castigar, complacer, callar, gritar y una larga lista de verbos se ejecutan permanentemente y van dejando “rastros emocionales” en quien los da y en quien los recibe.

La crianza y la educación son dos tareas que a poco que las analicemos se mostrarán sumamente unidas e interdependientes. Esto significa que, queramos o no, al criar educamos, o a la inversa, también, pero más importante es tomar conciencia que este camino es de dos vías.

Frecuentemente somos, sin percibirlo “educados” por nuestro hijo, cuando estamos creyendo que finalmente hemos dado con la respuesta que lo calma o logramos que se muestre colaborador para comer o contento con la actividad que le proponemos.

En realidad, si analizamos el punto de partida de cualquiera de estas situaciones y su desarrollo hasta llegar a “nuestro acierto” nos daremos cuenta que en realidad ha sido una secuencia de ensayo-error por nuestra parte siguiendo la calidad de la respuesta del niño.

Un simple ejemplo:

Nuestro hijo tiene 1 mes de vida, disfrutamos de tenerlo en brazos, meciéndolo hasta que se duerme, al arroparlo en su cuna despierta y comienza a protestar en tono progresivamente creciente, en dos o tres intentos de volver a levantarlo, mecerlo e intentar posarlo en la cuna, quedará claro quien regula el tiempo de pasearlo y pueden ser horas, con relevo de un padre semidormido o de una madre con la espalda dolorida y todas las alarmas encendidas suponiendo algún padecimiento en su hijo, que ella no comprende.

El niño dormirá plácidamente en brazos y acunado, no aceptará ninguna opción y ya tiene el arma para doblegar resistencias.

Su llanto, en esa edad no tiene muchos canales de expresión más, pero ciertamente la interminable secuencia de gemidos y gritos, por el tiempo suficiente, tendrá la respuesta buscada:

Un par de brazos lo sacarán de la cuna y recomenzará  una nueva ronda.

Estamos siendo “educados” por un lactante de 30 días, si reflexionamos sobre este ejemplo y la frecuencia con que se repite en diferentes familias, podremos tomar ajustada dimensión de la brevedad de 500 días.

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